Trabajo, mercado y el futuro argentino
Por Mar Martinez

La reforma laboral y el regreso al endeudamiento no son simples medidas económicas: son decisiones controversiales que reconfiguran la vida cotidiana en Argentina. La pregunta no es si estas políticas son correctas o incorrectas —no es tiempo de ese análisis, y a NACOMA tampoco le interesa entrar en esa grieta—. La pregunta es qué tipo de país se está construyendo debajo de esas decisiones.
Esta tapa indaga el nuevo contrato social: ¿existe o no? ¿Es un cambio de época o solo una sensación de distancia? ¿Qué se rompe, qué se transforma y qué queda en suspenso para las próximas generaciones?
Apertura — Cuando las decisiones económicas dejan de ser números
Hasta ahora, el gobierno de Milei trabajó sobre lo macro: orden, contorno, ingeniería técnica. Pero estamos entrando en otro terreno.
Hay momentos en la historia de un país en los que las decisiones dejan de operar en la superficie económica y comienzan a alterar lo íntimo: aquello que una sociedad cree que merece y aquello que está dispuesta a perder.
Estamos en uno de esos momentos.
El sentir en la calle todavía no refleja del todo esta tensión, pero en lo tácito —en lo que late silenciosamente— es lo que ya está ocurriendo.
La reforma laboral no solo modifica normas: modifica la idea misma de trabajo.
El endeudamiento no solo condiciona cuentas públicas: condiciona la imaginación del futuro.
Lo que se está alterando no es la macroeconomía:
es la arquitectura emocional de un país.
Suena fuerte, trágico, extremo incluso, pero pronto será evidente. Y NACOMA quiere ser parte de ese espacio de reflexión.
Más allá de la pregunta de esta nota de tapa, la realidad es indudable: Argentina está frente a un nuevo contrato social —uno que nadie firmó todavía, pero que ya comenzó a regir sin que lo estemos percibiendo plenamente—.
Unidad de Realidad
El conjunto de cambios estructurales —laborales, económicos, productivos e institucionales— que redefinen cómo los argentinos trabajan, producen, se protegen y proyectan su vida.
Pregunta Luminosa
¿Qué país nace cuando se cambia un contrato social sin conversación pública —sin comunicación oficial clara, sin oposición articulada y con un periodismo que tampoco logra narrar la profundidad del momento?
Reescritura Sistemática
Un análisis psicológico, sociocultural y económico sobre cómo estas transformaciones están reescribiendo la vida privada, la identidad laboral, la pertenencia, la estabilidad simbólica y la noción misma de futuro.
I. El trabajo ya no es un derecho: es un territorio de riesgo
Durante décadas, el trabajo en Argentina funcionó como un pacto implícito:
“Si cumplís, el sistema te sostiene.”
Ese pacto, en la nueva reglamentación, queda al desamparo.
Trabajar implicará:
- competir contra la incertidumbre;
- negociar desde la vulnerabilidad;
- redefinir dignidad en términos de supervivencia;
- aceptar que la estabilidad es un privilegio, no una estructura.
La reforma laboral —más allá de su letra— instala un mensaje simbólico:
la responsabilidad del bienestar se desplaza del Estado al individuo.
No es ideología.
Es psicología social.
Pensar la estabilidad como privilegio —cuando nuestros impuestos sostienen otros privilegios— es una contradicción sensible.
Renunciar a la posibilidad de soñar una vida propia, planificar la educación de los hijos o construir un proyecto sin una estructura de contención es peligroso.
Este artificio posmoderno —mezcla de individualismo neoliberal y aceleración tecnológica— se potencia con la irrupción masiva de la inteligencia artificial.
El resultado: cada persona queda sola frente a un mercado acelerado mientras su cuerpo, su tiempo y su mente siguen siendo humanos.
II. El endeudamiento como modo de vida
Argentina no se endeuda solo para financiar su economía: se endeuda para sostener su emocionalidad.
El crédito es, desde hace años, una ficción afectiva: un libro guardado en un cajón que sacamos para leer cuando necesitamos creer que algo es posible.
Permite postergar la angustia estructural.
Volver al endeudamiento no afecta únicamente al Estado:
afecta la idea misma de futuro que un país puede narrarse.
Un país endeudado no imagina: administra supervivencia.
Una sociedad que administra supervivencia no proyecta: retrocede al día a día.
El endeudamiento deja de ser financiero para convertirse en un problema de esperanza.
Y un país sin esperanza es un país donde su único capital inagotable —la creatividad— se apaga.
NACOMA elige romper con esa narrativa estructural y volver a lo esencial: la emoción, como territorio genuino para interpretar la época.
III. La vida cotidiana como campo de ajuste
Los cambios actuales no transforman al Estado: transforman la vida íntima.
Cambian:
- cómo se planifica un hijo,
- cómo se sostiene una casa,
- cómo se atraviesa una enfermedad,
- cómo se descansa,
- cómo se entiende el tiempo libre,
- cómo se define éxito,
- cómo se fracasa sin quedar expulsado.
El nuevo contrato social no se firma en el Congreso:
se firma en la mesa de cada hogar,
en la ansiedad acumulada,
en el miedo a la intemperie,
en la sensación de no pertenecer,
en la fatiga emocional que ya es norma.
Ahí —en lo doméstico, no en lo legislado— está la verdadera fractura.
IV. El país que se parte entre quienes pueden adaptarse y quienes quedan expuestos
Toda reforma profunda divide.
Pero esta división no es política: es sensorial.
Y se abre una brecha nueva:
los que pueden soportar el riesgo
versus
los que necesitan protección para no caer.
Surge un país de dos velocidades:
- uno que avanza porque tiene redes, recursos, capital cultural o emocional;
- otro que retrocede porque ya no tiene dónde apoyarse.
Ese desbalance es, desde la mirada NACOMA —mineral, magnética, equilibrada—, más peligroso que cualquier urgencia macroeconómica.
Estamos frente a una crisis de pertenencia.
Y necesitamos —con urgencia— pensar qué país construir y qué humanidad imaginar.
V. La pregunta que nadie hace: ¿qué tipo de sociedad queremos ser?
Cuando un país cambia su contrato social sin conversación pública, se pierde algo más grave que el consenso: se pierde la identidad.
Es cierto que el mercado laboral cambió.
Es cierto que la juventud vive bajo nuevas lógicas: flexibles, líquidas, móviles.
Pero esa misma dinámica —si no está acompañada por sentido— se vuelve un riesgo existencial.
Como en Bauman, lo líquido se derrama.
La falta de compromiso, la ruptura de las estructuras de contención, el mandato de la autoconservación absoluta, generan un individualismo duro donde la identidad se vuelve un espejo de sí misma, sin comunidad que la sostenga.
En ese artificio, perdemos el sentido de nación, de proyecto compartido, de tejido humano.
Hoy la Argentina necesita, más que nunca, hacerse una pregunta que todavía no se hizo:
¿Qué queremos que signifique vivir en este país?
¿Un territorio donde la libertad sea prioridad?
¿Un territorio donde la protección sea indispensable?
¿Un equilibrio nuevo que aún no conocemos?
Todo orden social colapsa cuando la sociedad deja de entender por qué vive como vive.
Estamos al borde de esa zona gris.
CIERRE NACOMA — El futuro argentino como territorio en disputa
Argentina no está discutiendo economía.
Está discutiendo su alma colectiva.
Un alma hecha de Babilonias, de ciudades sin historia, de luz guaraní, de solidaridad inesperada, de creatividad inagotable, de magia futbolera, de genialidad rockera.
Un alma que siempre encontró forma aun en el desorden.
El país que viene no será el que resulte de una ley ni de un acuerdo con acreedores.
Será el país que surja del modo en que los ciudadanos entiendan —acepten o rechacen— este nuevo contrato social.
La pregunta ya no es cuánto costará vivir.
La pregunta es qué vida será posible vivir.
En ese interrogante se juega el destino profundo de la Argentina:
si avanzará hacia un modelo que contenga, uno que expulse, o uno que vuelva a inventarse desde una lógica distinta, aún desconocida.
Estamos en esa zona gris.
Y no podemos permitirnos dejar de mirar lo que ocurre.
La economía define números.
El contrato social define personas.
Y hoy, la Argentina está a punto de reescribir el suyo.
Excelente interpretación de la actualidad !
Fue un placer leer NACOMA. Gracias por compartir este contenido senti-pensado.
Muchas gracias… por tus palabras… saludos…
a tu disposición