No todas las pérdidas se nombran. Algunas son mínimas, silenciosas, casi imperceptibles. Pero igual desgastan. Los microduelos son esas pequeñas despedidas cotidianas que no admitimos, pero que marcan nuestro ánimo, nuestro cuerpo y nuestra forma de estar en el mundo.

Por Gonzalo Ermin — Psicología & Bienestar, Revista NACOMA
1. El duelo que nunca se anuncia
Cuando hablamos de duelo pensamos en grandes pérdidas: una muerte, una separación, un quiebre vital.
Pero la vida también se compone de pérdidas pequeñas:
cambios, renuncias, rutinas que se alteran, vínculos que se diluyen sin conflicto.
Esos microduelos no duelen fuerte, pero duelen lento.
Son movimientos emocionales sutiles que pasan desapercibidos, pero que se acumulan como una capa fina de cansancio sobre el cuerpo.
2. El microduelo de dejar de ser quien fuimos
Crecemos, cambiamos, y en ese cambio dejamos versiones nuestras atrás.
La valentía de una etapa, la inocencia de otra, la energía de un momento, la mirada fresca que ya no vuelve igual.
Ese desprendimiento también es un duelo.
Pero como no tiene un hecho visible, lo ignoramos.
La realidad es simple:
cada cambio importante trae un microduelo, y reconocerlo ayuda a no exigirnos volver a lo que ya no somos.
3. Microduelos en los vínculos
No hace falta perder a alguien para que duela.
A veces se pierde un modo de hablar, un hábito compartido, un encuentro cotidiano, un mensaje que ya no llega.
Las relaciones mudan, se expanden, se enfrían, se reacomodan.
Cada ajuste contiene una pequeña pérdida.
No la lloramos porque parece mínima, pero la sentimos igual: en la respiración corta, en la mente acelerada, en la irritabilidad sin motivo.
4. El desgaste que nadie asocia a una pérdida
Los microduelos son difíciles de reconocer porque no tienen ritual.
No hay abrazo, no hay pausa, no hay palabras de consuelo.
No se anuncian: se acumulan.
El resultado emocional aparece en forma de cansancio:
perder la alegría fácil, perder motivación, perder calma.
El cuerpo registra antes que la conciencia: tensión muscular, sueño alterado, ansiedad leve.
Son señales de algo que se perdió y que no estamos mirando.
5. Cómo acompañar los microduelos
No se trata de dramatizar, sino de hacer espacio.
Tres gestos simples:
- Nombrar: identificar qué cambió.
- Respirar: permitir que la emoción tenga un lugar físico.
- Ajustar expectativas: dejar que la nueva realidad no sea un enemigo, sino una etapa.
A veces un microduelo se resuelve cuando dejamos de negarlo.
Cierre NACOMA
En Salto, las estaciones cambian sin grandes gestos: un viento distinto, una luz más baja, un olor a llanura que anuncia que algo se movió.
En Tumé, el mineral NACOMA guarda pequeñas vibraciones: pérdidas mínimas que dejan brillo y memoria.
Así funcionan los microduelos: pequeñas grietas que no quiebran, pero transforman.
Lo importante no es evitar la pérdida, sino aprender a acompañarla.